¿Por qué se habla tanto de anquiloglosia?
En los últimos años, la anquiloglosia ha pasado de ser una alteración poco conocida a convertirse en uno de los temas más debatidos en el ámbito de la lactancia materna y la salud infantil. El creciente interés por comprender las dificultades en la alimentación del recién nacido, junto con una mayor formación de los profesionales y una mayor información disponible para las familias, ha hecho que cada vez se identifiquen más casos de frenillo lingual restrictivo.
Este aumento en los diagnósticos ha contribuido a mejorar la detección de lactantes que anteriormente podían pasar desapercibidos y que realmente se beneficiaban de una valoración especializada. Sin embargo, también ha generado una importante controversia. Mientras algunos autores alertan sobre un posible infradiagnóstico, otros advierten del riesgo de sobrediagnosticar esta entidad y atribuir al frenillo dificultades que pueden tener un origen diferente.
En este artículo revisaremos los principales tipos de anquiloglosia, las clasificaciones más utilizadas en la práctica clínica y los criterios que orientan la derivación y el manejo de estos pacientes.
¿Qué entendemos por anquiloglosia?
La anquiloglosia es una condición congénita del frenillo lingual que por sus características puede limitar, en mayor o menor medida, la movilidad y/o función de la lengua.
Parte de la controversia que gira en torno al tema se debe a que la presencia de un frenillo visible no implica necesariamente que exista una anquiloglosia clínicamente relevante. Todos los seres humanos presentan un frenillo lingual, y no todos limitan la movilidad de la lengua ni interfieren con la lactancia. Por ello, el aspecto anatómico, por sí solo, nunca debe determinar el diagnóstico ni la indicación de tratamiento.
En la actualidad, el consenso entre la mayoría de expertos es que la valoración debe ser siempre individualizada e integrar tanto la exploración anatómica como la evaluación funcional de la lengua y el contexto clínico del lactante y su familia. Comprender las diferentes clasificaciones de la anquiloglosia constituye un primer paso para hablar un lenguaje común entre profesionales, pero siempre debe acompañarse de un adecuado razonamiento clínico.
¿Cómo se clasifica la anquiloglosia?
Uno de los aspectos que más dudas genera es la clasificación de la anquiloglosia. A lo largo de los años se han propuesto diferentes sistemas para describir el frenillo lingual, cada uno con un enfoque distinto. Algunos se centran principalmente en la anatomía, mientras que otros incorporan aspectos relacionados con la función de la lengua.
Entre las clasificaciones más conocidas destacan:
- Coryllos, probablemente la más utilizada en la práctica clínica para describir la localización anatómica del frenillo.
- Kotlow, que clasifica la anquiloglosia según la longitud de la “lengua libre” y el grado de restricción que presenta.
- Hazelbaker, una de las primeras herramientas que intentó integrar características anatómicas y funcionales mediante una escala de valoración.
- FRELAC, la clasificación más reciente que supone un cambio de paradigma y que permite entender mejor el funcionamiento de la lengua valorando la elevación del tercio posterior según la anatomía del frenillo.
Ninguna de estas clasificaciones, por sí sola, determina la necesidad de tratamiento. Todas son herramientas que ayudan a describir lo que observamos durante la exploración, pero la decisión clínica debe basarse siempre en una valoración funcional completa del lactante y de la díada madre-bebé.
La clasificación anatómica de Coryllos
Por su sencillez y amplia difusión, la clasificación de Coryllos continúa siendo una de las más utilizadas para describir la inserción del frenillo lingual. Distingue cuatro tipos según la localización anatómica donde se inserta el frenillo.
Tipo I
El frenillo se inserta muy cerca de la punta de la lengua y suele resultar fácilmente visible durante la exploración.
Tipo II
La inserción se localiza unos milímetros por detrás del ápice lingual. Aunque continúa siendo un frenillo anterior, la restricción funcional puede ser muy variable.
Tipo III
El frenillo se localiza en una posición más posterior y suele ser más grueso. En muchas ocasiones la limitación funcional resulta más importante de lo que aparenta su aspecto.
Tipo IV
Conocido habitualmente como frenillo posterior. No siempre resulta evidente en una inspección visual y suele requerir una exploración clínica más detallada para valorar su influencia sobre la movilidad lingual.
Es importante recordar que esta clasificación describe la anatomía, pero no determina por sí sola la gravedad del problema ni la necesidad de tratamiento.
Es importante insistir en que dos bebés con un mismo tipo anatómico pueden presentar situaciones clínicas completamente diferentes. Algunos lactantes con un frenillo tipo IV realizan una lactancia eficaz y sin dificultades, mientras que otros con un tipo II pueden presentar dolor materno, mala transferencia de leche o dificultades para mantener un agarre estable.
Por este motivo, en la actualidad la mayoría de expertos coinciden en que la clasificación anatómica constituye únicamente una parte de la evaluación y nunca debe sustituir a una valoración funcional completa.
Clasificación FreLac (2023)
En los últimos años han surgido propuestas, como la clasificación FRELAC, que pretenden integrar las fortalezas de diferentes sistemas de clasificación y favorecer un lenguaje común entre los distintos profesionales implicados en la atención al lactante. Este tipo de herramientas refleja la evolución del conocimiento científico hacia modelos que no solo describen la anatomía del frenillo, sino que también facilitan una valoración clínica más completa.
La clasificación propuesta por el grupo FreLac distingue cuatro patrones principales de frenillo limitante, integrando criterios anatómicos y funcionales:
- Frenillo anterior: inserción en la punta de la lengua, con un cuerpo lingual generalmente elástico y buena movilidad posterior. Suele ser el más evidente en la exploración clínica. (Se correspondería con el tipo I de Coryllos)
- Frenillo mixto: combina características de los frenillos anteriores y posteriores, produciendo una limitación tanto en la porción anterior como en la posterior de la lengua. (Generalmente frenillos tipo II y tipo III con inserciones inferiores anteriorizadas con tres puntos de anclaje por detrás del reborde alveolar)
- Frenillo posterior: la restricción se localiza en la porción posterior de la lengua, dificultando especialmente su elevación. Puede pasar desapercibido si solo se realiza una inspección visual. (correspondería al tipo III de Coryllos con una inserción inferior más posterior, en las glándulas salivares o más posterior)
- Frenillo mucoso: no es visible a simple vista, hay que palparlo. Tanto la inserción superior como la inferior se encuentran dentro de la mucosa. (Correspondería al tipo IV de Coryllos)
Frenillo lingual normal vs. frenillo corto
Uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que cualquier frenillo visible es patológico.
El frenillo lingual es una estructura anatómica normal presente en todas las personas. La diferencia está en si permite que la lengua realice los movimientos necesarios para alimentarse, succionar, deglutir y desarrollarse con normalidad.
Por este motivo, la exploración debe valorar aspectos como:
- la movilidad lingual;
- la elevación de la lengua;
- la protrusión;
- la coordinación durante la succión;
- la presencia de síntomas asociados en la díada madre-bebé.
El diagnóstico nunca debería basarse exclusivamente en una fotografía o en la apariencia del frenillo.
¿Un frenillo tipo IV es siempre más grave?
Una de las preguntas más frecuentes en la consulta es si un frenillo tipo IV implica necesariamente una mayor gravedad o una indicación quirúrgica. La respuesta es no.
Aunque los frenillos tipo IV suelen ser menos evidentes a simple vista y pueden requerir una exploración más detallada, su clasificación anatómica no determina por sí sola la repercusión clínica. Del mismo modo, un frenillo tipo I, mucho más visible, puede asociarse a importantes dificultades durante la lactancia si limita la movilidad de la lengua.
La gravedad de una anquiloglosia depende de múltiples factores. La capacidad de la lengua para elevarse, protruir y realizar los movimientos necesarios durante la succión es mucho más relevante que la apariencia del frenillo. Además, cada lactante presenta una capacidad de adaptación diferente. Algunos bebés consiguen una transferencia eficaz de leche a pesar de una restricción anatómica evidente, mientras que otros desarrollan dificultades importantes con frenillos aparentemente menos llamativos.
Por este motivo, la clasificación anatómica debe interpretarse siempre junto con una valoración funcional completa. La observación de una toma, la presencia de dolor materno, la transferencia de leche, la ganancia ponderal y la exploración de la movilidad lingual aportan mucha más información que el tipo de frenillo por sí solo.
¿Cómo se realiza una valoración funcional?
La valoración de un lactante con sospecha de anquiloglosia va mucho más allá de la exploración del frenillo lingual. El objetivo no es únicamente identificar una variante anatómica, sino determinar si esta está condicionando una limitación funcional con repercusión sobre la alimentación y el bienestar de la díada madre-bebé.
El primer paso consiste en realizar una historia clínica completa, recogiendo información sobre el embarazo y el parto, ya que determinados factores perinatales pueden influir en el establecimiento de la lactancia. También es importante conocer cómo han sido las primeras tomas, la evolución de la alimentación y las dificultades percibidas tanto por la familia como por los profesionales que han acompañado al bebé.
La valoración debe incluir aspectos relacionados con la lactancia, como la presencia de dolor materno, la aparición de lesiones en el pezón, la duración y eficacia de las tomas, la transferencia de leche y la evolución del peso del lactante. Estos datos aportan información esencial para comprender si existe una repercusión clínica y descartar otras posibles causas de las dificultades en la alimentación.
Otro elemento fundamental es la observación directa de una toma, que permite evaluar el agarre, la coordinación de la succión, la deglución y la respiración, así como la interacción entre la madre y el bebé durante la lactancia. Esta información resulta difícil de obtener únicamente mediante la exploración física.
Por último, se realiza una exploración orofacial completa, valorando no solo la anatomía del frenillo, sino también la movilidad lingual, la capacidad de elevación y protrusión de la lengua, el sellado labial, la función mandibular y otros aspectos que pueden influir en la alimentación.
Todos estos hallazgos deben interpretarse de forma conjunta. La valoración funcional no consiste en analizar un único dato, sino en integrar la historia clínica, la exploración y la observación del lactante para comprender cómo interactúan la anatomía y la función en cada caso concreto. Este enfoque global permite realizar un diagnóstico más preciso y orientar las decisiones terapéuticas de forma individualizada, evitando tanto intervenciones innecesarias como retrasos en aquellos pacientes que realmente pueden beneficiarse de un tratamiento.
¿Cuándo está indicada una frenectomía?
La presencia de una anquiloglosia no implica automáticamente la necesidad de realizar una frenectomía.
La decisión debe individualizarse tras una valoración clínica completa, teniendo en cuenta la función lingual y las dificultades que presenta el lactante.
En algunos casos, la cirugía puede mejorar significativamente la lactancia cuando existe una limitación funcional claramente relacionada con los síntomas.
En otros, el manejo conservador mediante acompañamiento, optimización del agarre y tratamiento desde la fisioterapia o la logopedia puede ser suficiente.
El objetivo siempre debe ser tratar al bebé y a su familia, no únicamente modificar la anatomía del frenillo.
La importancia del trabajo interdisciplinar
La anquiloglosia es un buen ejemplo de cómo diferentes profesionales aportan perspectivas complementarias.
Matronas, consultoras IBCLC, pediatras, odontopediatras, logopedas y fisioterapeutas pueden participar en la valoración y el seguimiento de estos pacientes, contribuyendo a una toma de decisiones más completa y basada en la evidencia científica.
La coordinación entre profesionales permite evitar tanto intervenciones innecesarias como retrasos en aquellos casos que realmente pueden beneficiarse de un tratamiento.
Conclusión
Comprender los distintos tipos de anquiloglosia es un primer paso, pero nunca debería sustituir una valoración funcional completa. La anatomía ofrece información valiosa, aunque es la combinación entre exploración clínica, síntomas y contexto familiar la que permite tomar decisiones individualizadas y ofrecer el tratamiento más adecuado para cada lactante.
En el Máster en Abordaje Integral de la Anquiloglosia y Función Oral en el Lactante y el Niño profundizamos en estos aspectos desde una perspectiva multidisciplinar, abordando tanto la exploración funcional como la toma de decisiones clínicas basada en la evidencia.